Perseidas: el rastro del cometaEl cielo se rompe en agosto. Entramos en noches de lágrimas celestiales, las Lágrimas de san Lorenzo, tal como la tradición ha bautizado a la lluvia de meteoros –o estrellas fugaces– de las Perseidas, que se producen todos los años en la primera quincena de agosto y alcanzan su máximo de actividad entre los días 10 y 13. Esa coincidencia fue la que hace ya siglos acabó otorgándole a esta lluvia cósmica el apodo de las Lágrimas de san Lorenzo, cuya festividad se celebra el 10 de agosto.
El responsable de este acontecimiento es el cometa Swift-Tuttle. La Tierra cruza su órbita todos los años por estas fechas, y al llegar a dicha intersección los restos cometarios penetran en la atmósfera y producen hermosas estelas por la fricción con la atmósfera. Aunque la literatura astronómica hable de ellas como estrellas fugaces, no son estrellas. Se trata, simplemente, de pequeñas partículas, la mayoría de apenas varios milímetros de espesor, que al introducirse en la atmósfera acaban desintegrándose por incandescencia a causa del rozamiento con el aire. Sólo los meteoros más grandes logran sobrevivir al tránsito por la atmósfera y acaban cayendo al suelo, dando lugar a un meteorito.
La fama de las Perseidas se debe, sobre todo, a la época del año en que se producen. A primeros de agosto, en España y los demás países del hemisferio norte la mayoría de la gente toma sus vacaciones en los días del año con mejor tiempo, lo que se traduce en que haya muchas más personas disfrutando al aire libre por las noches. Por ello, las Perseidas son las lluvias meteóricas más observadas, a pesar de que en otras semanas del año se producen lluvias más intensas, como las Cuadrántidas (a primeros de enero) y las Gemínidas (a mediados de diciembre). Sin embargo, aunque la tasa de meteoros de estas dos últimas lluvias es algo mayor que la de las Perseidas —unos 120 meteoros por hora en lugar de los 100 de las Lágrimas de san Lorenzo—, la gente apenas las conoce porque se producen en pleno invierno.
La denominación Perseidas no es casual. Se debe a que el punto del cielo del cual parece surgir la mayoría de los meteoros –por un efecto de perspectiva– es la constelación de Perseo. A dicho punto de aparente procedencia se le denomina radiante.
Tanto para las Perseidas como para cualquier lluvia de meteoros nuestros propios ojos son el mejor instrumento óptico. Con ellos podemos abarcar la mayor parte de la bóveda celeste, mientras que si intentamos observarlas con prismáticos el campo de visión es mucho más restringido y, por tanto, perderemos muchos de los meteoros, ya que quedarán fuera de nuestro alcance. Los telescopios son instrumentos inútiles para observar lluvias de meteoros.
Lo más recomendable ahora que estamos en pleno verano es utilizar tumbonas o tenderse en el suelo en zonas alejadas de luces parásitas, ya sea en el campo, la montaña o la playa. De esta forma podremos apreciar cualquier meteoro que surja de horizonte a horizonte. Eso sí, nuestro punto de referencia debe ser la constelación de Perseo, hacia la que dirigiremos preferentemente nuestra mirada. Para localizarla es aconsejable usar algún planisferio o mapa estelar, aunque para quienes no dispongan de ellos basta con recordar que se encuentra por encima del horizonte noreste después de la medianoche.
La International Meteor Organization espera que el máximo de la lluvia de este año ocurra en la madrugada del 13 de agosto, aunque estas predicciones no siempre dan en el blanco, por lo que es aconsejable echar también un vistazo al cielo las noches precedentes e inmediatamente posteriores. En realidad, ya en la primera semana de agosto hay actividad meteórica, por lo que no debe aguardarse hasta el día 13.
Este año, además, la Luna nueva es el 10 de agosto, por lo que los días de máxima actividad el resplandor lunar no entorpecerá la observación. Así pues, parece un buen año para echar un ojo a las Perseidas y pedir un deseo cuando una de ellas nos deslumbre por sorpresa.
http://www.levante-emv.com/opinion/2010/08/01/perseidas-rastro-cometa/727551.html