
El pasado día 11 salí a la kaza y captura de las flores de los almendros, si bien es un tema recurrente que no deja de fascinar ninguna primavera, esta vez me he centrado en esos ejemplares silvestres, apartados del mundanal ruido de la industria agrícola, los que sufren y padecen las desavenencias del tiempo, formando llagas de difícil curación, y sin que acudan médicos a socorrer. Se podía respirar, como este año, la sequía está haciendo estragos, las flores lo dicen todo así que es hora de silencio.
Las ramas, en su balanceo indican como el cierzo aprieta, todo lo que puede, sin dar tregua.




Un escondite de esos que hay que visitar de vez en cuando:

Aquí ya se observan los bordes surcados, arañados, deshidratados..

¿febrero andas por ahí arriba?

(guardían de Isasa)






Otros soportan el fruto la temporada entera, de floración a floración..


Hasta que de tanto embite, van cayendo uno tras otro, años y los siguientes, nunca dejan de apuntar de donde vienen las tormentas..

Esta es el agua que pude ver, entubada, sofisticada, pero no para quienes pensamos, sino para ese Rioja que tanto nos hace soñar.

La ruta continúa sin perderse, sin mirar atrás.

Ale, ya conocéis un poco mejor esta tierra
