Gúdar y Memorias de Adriano

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Gúdar y Memorias de Adriano
« en: Domingo 04 Octubre 2009 15:02:30 pm »
Gúdar y Memorias de Adriano






Fatigado de asentir por teléfono con los ojos en blanco, oteando el techo. Cansado de clientes que imponen plazos irrazonables para fecha de entrega y fecha de pago, estirando cada uno de ellos sorprendentemente, aunque en direcciones opuestas. Hastiado de oír a bancos que lo quieren todo más un cinco por ciento. Ahíto de los semejantes. Consciente de que no entro en el número de los incombustibles. Exhausto, en suma, de las servidumbres de esta vida esforzada que tenemos, me tomé la libertad de mandar durante unos días a todos a la mismísima puta mierda y de pisar el acelerador, poniendo kilómetros de meseta como colchón y dejando un mensaje en el contestador del teléfono por fin acallado. Necesitaba descansar.

A menudo recuerdo con una sonrisa a Coque Malla en Todo es mentira, cansado de sus amigos, de Madrid y de los porteros de discoteca amenazando con colgarlo todo e irse a Cuenca, para él paradigma de lo lejano y tranquilo. Yo, inspirado por la misma idea pero con diferentes fetiches, escogí la Sierra de Gúdar, al oriente de Teruel.

Llegué a Valdelinares (Teruel) yo solo una noche de últimos de Septiembre decidido a descansar, pasearme y leer, entre otros libros, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, traducido por Julio Cortázar.


Valdelinares pasa por ser, y lo es, el pueblo más alto de España. Está situado a 1693 metros entre las más altas cumbres del Ibérico Turolense, en una ladera pedregosa y soleada orientada hacia el sur y que culmina en el Pico Hornillos (2002 metros). Sus calles son pendientes, su arquitectura serrana y humilde y su población escasa (123 habitantes en 2007). Pero es un pueblo hoy pujante por el turismo valenciano de invierno y verano, además de mantener aún cierta ganadería tradicional. En Casa Vicenta se me recibió con la austeridad que esperaba de una tierra tan áspera, fría y castigada. Lo que quería.



FOTOS: Valdelinares visto desde el sur y visto desde un pasaje
 

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Adriano, uno de los últimos grandes emperadores romanos, al parecer dejó al morir una autobiografía que no ha llegado a nuestros días, aunque existen cientos de relatos históricos que hablan de su vida y obra como persona y como político. Un emperador magnánimo a veces y otras mezquino, acertado a menudo y siempre brillante. Con estos mimbres Yourcenar reconstruye la imaginaria carta a su primo, discípulo y posible sucesor, Marco, de un Adriano viejo y yaciente: mis piernas hinchadas ya no me sostienen durante las largas ceremonias romanas; me sofoco; y tengo sesenta años. En ella desnuda su vida y aventura sus conclusiones de las razones y de las fuerzas que nos rigen. Una reflexión acerca del buen gobierno, en lo público y en lo personal que, de alguna forma, Yourcenar pinta como el legado del emperador.

En muchos aspectos los tiempos de Adriano son nuestros mismos tiempos. Vivió y rigió en el apogeo de un imperio (siglo II) y de una filosofía vital que entraría en decadencia consumida por sus propia ceguera. Él veía su apogeo e intuía la decadencia como hoy, y nos pesa, vemos nuestro apogeo como civilización e intuimos nuestra cercana e irremediable caída. En esencia, un paréntesis de orden y abundancia en un mar de caos y escasez. En Roma, durante las interminables comidas oficiales, se me ocurrió pensar en los orígenes relativamente recientes de nuestro lujo, en este pueblo de granjeros parsimoniosos y soldados frugales, alimentados a ajo y a cebada, repentinamente precipitados por la conquista en las cocinas asiáticas y hartándose de alimentos complicados con torpeza de campesinos hambrientos.

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De Gúdar una de las cosas que más me llamaron la atención fue la irrelevancia de la altura en la vida tradicional, en cierta forma y salvando distancias, como me sorprendió en el altiplano andino. Estoy acostumbrado a una zona, la mía, en la que la vida a más de 1200 ó 1300 metros es poco viable, así que me llamó la atención la altura de los pueblos de Gúdar, la altura de los puertos de montaña, de los caminos y, sobre todo, la altura de las masadas. Las masadas o sencillamente “mas”, son caseríos de población tradicional que se encuentran dispersos por toda la sierra. En ellos vivía una familia con su ganado de manera estable y muy autónoma. Algunas de las masadas que he visto están situadas a 1900 metros o más de altura, casi en las mismas cumbres redondeadas.

Las masadas entraron en decadencia final después de la Guerra Civil pues con la intensa actividad del maquis en la zona (muy reseñable Gúdar como tierras de resistentes, tanto al franquismo como al isabelismo de las guerras carlistas decimonónicas) muchas masadas fueron desalojadas para evitar el avituallamiento a los guerrilleros antifranquistas. A eso se unió en los cincuenta el comienzo de la migración hacia Levante que ha desangrado estas tierras hasta hoy.
 



FOTOS: Dos de las muchas masadas que me encontré por Gúdar
 

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Adriano fue un hombre heterodoxo, alejado en muchos sentidos de su tiempo, mucho más griego que romano en gustos y actitudes, que pese a todo supo medrar en su sociedad, ansioso de poder por puro instinto. Un príncipe carece en esto de la latitud que se ofrece al filósofo; no puede permitirse diferir en demasiadas cosas a la vez, y bien saben los dioses que mis diferencias eran ya demasiadas, aunque me jactase de que muchas permanecían invisibles.

Percibiendo que el tamaño de Roma era desmesurado y que sus cimientos inestables, pese a la oposición de la alta sociedad y del Senado, que deseaban la conquista de Persia, pues estaban acostumbrados a las relucientes pero superficiales victorias de su antecesor Trajano en Dacia (hoy Rumania), que tantas riquezas y esclavos proporcionaban, Adriano supo replegar sus ejércitos, fortificar las fronteras y pacificar el Imperio, lo que sin duda le dio a Roma un siglo más de vida y alargó el periodo dorado. No incurría en la ingenuidad de creer que de nosotros dependería siempre evitar las guerras, pero sólo aceptaba las defensivas; concebía un ejército preparado para mantener el orden en las fronteras, rectificadas si fuese necesario, pero seguras. Todo nuevo desarrollo del vasto organismo imperial se me antojaba una excrecencia maligna, un cáncer o el edema de una hidropesía que terminaría matándonos.

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Caminando desde Valdelinares, subí el redondeado pico Hornillos (2002 metros), el segundo más alto de Gúdar. Está rodeado por un páramo a 1900 metros que corta el aliento (FOTO ABAJO). Un paisaje desolado que en invierno debe de estar azotado por terribles vientos helados y que, pese a todo, no dejaba de tener sus masadas abandonadas. Grandes rebaños de oveja pastaban en la zona y el día estaba soleado y amigable.
 


Llegué arriba sin demasiado esfuerzo, comido de moscas, y divisé al oeste el amplio Maestrazgo Turolense y hacia levante el perfil hipnótico (menudo descubrimiento para mí) de Penyagolosa (1815m), que me pareció un auténtico tótem regional. No dejaría de encontrármela allá donde fuera, y he sacado la conclusión de que tengo que subir allá arriba lo antes posible.
 


FOTO ARRIBA: Vista desde Hornillo (2002 metros) con el Maestrazgo Turolense al fondo). FOTO ABAJO: Penyagolosa al fondo, sobre Puertomingalvo (Teruel, cerca del límite con Castellón)
 


Si bien la zona, caliza, karstificada, presenta unas cumbres muy redondeadas, abundan los cortados y los roquedos por todas partes, a menudo salteados de pinares (mucho me ha recordado en ese sentido a la serranía de Cuenca), a veces pelados de pura erosión (FOTOS ABAJO). Por entre esas rocas pasta la cabra montés (Capra pyrenaica). Una noche de luna creciente, volviendo a Valdelinares se me cruzó una en la carretera, tras trepar milagrosamente a un roquedo junto a la cuneta, me observó luego durante unos segundos con suficiencia de escaladora.
 



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El anciano Adriano en el ocaso de su vida que nos dibuja Yourcenar es un hombre cabal, capaz de reflexiones que cualquiera haríamos nuestras en los momentos en que miramos nuestra vida con cierta hondura:
El paisaje de mis días parece estar compuesto, como las regiones montañosas, de materiales diversos amontonados sin orden alguno. Veo allí mi naturaleza, ya compleja, formada por partes iguales de instinto y de cultura. Aquí y allá afloran los granitos de lo inevitable: por doquier, los desmoronamientos del azar. Trato de recorrer nuevamente mi vida en busca de su plan, seguir una vena de plomo o de oro, o el fluir de un río subterráneo, pero este plan ficticio no es más que una ilusión óptica del recuerdo. De tiempo en tiempo, en un encuentro, un presagio, una serie definida de sucesos, me parece reconocer una fatalidad; pero demasiados caminos no llevan a ninguna parte, y demasiadas sumas no se adicionan. En esta diversidad y este desorden, percibo la presencia de una persona, pero su forma está casi siempre configurada por la presión de las circunstancias; sus rasgos se confunden como una imagen reflejada en el agua. No soy de los que afirman que sus acciones no se les parecen. Muy al contrario, pues ellas son mi única medida, el único medio de grabarme en la memoria de los hombres y aun en la mía propia; quizá sea la imposibilidad de seguir expresándose y modificándose por la acción lo que constituye la diferencia entre un muerto y un ser viviente. Pero entre yo y los actos que me constituyen existe un hiato indefinible. La prueba está en que sin cesar siento la necesidad de pensarlos, explicarlos, justificarlos ante mí mismo. Ciertos trabajos que duraron poco son despreciables, pero otras ocupaciones que abarcaron toda mi vida no me parecen más significativas. En el momento de escribir esto, por ejemplo, no me parece esencial haber sido emperador.

[...]


De pronto mi vida me parece trivial, no sólo indigna de ser escrita, sino aun de ser contemplada con cierto detalle, y tan poco importante, hasta para mis propios ojos, como la del primero que pasa. De pronto me parece única, y por eso mismo sin valor, inútil —por irreductible a la experiencia del común de los hombres. Nada me explica: mis vicios y mis virtudes no bastan; mi felicidad vale algo más, pero a intervalos, sin continuidad, y sobre todo sin causa aceptable. Pero el espíritu humano siente repugnancia a aceptarse de las manos del azar, a no ser más que el producto pasajero de posibilidades que no están presididas por ningún dios, y sobre todo por él mismo. Una parte de cada vida, y aun de cada vida insignificante, transcurre en buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes. Mi impotencia para descubrirlos me llevó a veces a las explicaciones mágicas, a buscar en los delirios de lo oculto lo que el sentido común no alcanzaba a darme. Cuando los cálculos complicados resultan falsos, cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos, es excusable volverse hacia el parloteo fortuito de las aves, o hacia el lejano contrapeso de los astros.
 
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Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #1 en: Domingo 04 Octubre 2009 15:04:17 pm »
De la comarca de Gúdar-Javalambre también me llamaron la atención sus pueblos. Antiguos pueblos silenciosos, avejentados, con un deje rancio, formidables, algunos amurallados o con grandes construcciones. Hubo un tiempo, cuando la ganadería suponía uno de los pies de la economía de este país, en que esta zona hubo de ser realmente rica y una referencia. Esto sorprende al pensar en la despoblación y en el desierto industrial –no he visto ni un solo polígono industrial- que hoy es esta comarca de Teruel. Alcalá de la Selva, Linares de Mora, Mora de Rubielos –la cabeza de la comarca-, Puertomingalvo son pueblos por los que pasear con gusto.

Mora de Rubielos sorprende por un desmesurado palacio-castillo, que impresiona por su altura ya desde la carretera. Es el castillo de Fernández de Heredia (FOTO ABAJO). Es notable también el castillo de Puertomingalvo, pueblo éste completamente colocado sobre un espolón rocoso (hay una foto antes, en la que aparece con Penyagolosa). Amurallado y bajo un castillo está también Linares de Mora (FOTO MÁS ABAJO), donde además dan de comer como a rey medieval.





 
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Adriano fue también un apasionado de los viajes. Recorrió el mundo conocido hasta los mismos confines, desde Escocia –donde edificó el muro que lleva su nombre, para resguardar Britania de los ataques de los “hombres del norte” hasta el Mar Rojo y el Eufrates, pasando por su admirada Grecia, donde lo nombraron arconte honorífico de Atenas –un título que al parecer le satisfacía más que el mismísimo título de emperador-. Y desde luego Hispania, donde había nacido (Adriano es probablemente junto a Trajano, el papa Alejandro VI y Felipe II el “español” que ha acumulado más poder terrenal en la historia).

Conocía cada milla de nuestras rutas, quizá el más hermoso don que ha hecho Roma a la tierra. Pero el momento inolvidable era aquel en que la ruta se detenía en el flanco de una montaña, a la cual subíamos de grieta en grieta, de bloque en bloque, para ver la aurora desde lo alto de un pico de los Pirineos a los Alpes.

Algunos hombres habían recorrido la tierra antes que yo: Pitágoras, Platón, una docena de sabios y no pocos aventureros. Por primera vez el viajero era al mismo tiempo el amo, capaz de ver, reformar y crear al mismo tiempo. Allí estaba mi oportunidad, y me daba cuenta de que tal vez pasarían siglos antes de que volviera a producirse el feliz acorde de una función, un temperamento y un mundo. Y entonces me di cuenta de la ventaja que significa ser un hombre nuevo y un hombre solo, apenas casado, sin hijos, casi sin antepasados, un Ulises cuya Ítaca es sólo interior. Debo hacer aquí una confesión que no he hecho a nadie: jamás tuve la sensación de pertenecer por completo a algún lugar, ni siquiera a mi Atenas bienamada, ni siquiera a Roma. Extranjero en todas partes, en ninguna me sentía especialmente aislado.


Yourcenar pinta a Adriano como a un hombre adelantado a su tiempo, casi un ilustrado. Es bonito pensar que así pudo ser. Pese a haber sido un general despiadado con el enemigo y duro con sus tropas y un intrigante y asesino en la vida política, una vez que calzó las sandalias de emperador a la muerte de Trajano -que lo designó heredero gracias a la influencia de su mujer (la de Trajano) Plotina-, ya libre de esas tensiones, parece que pudo dedicarse más al buen gobierno, dotado de notable humanidad y de visiones proféticas del futuro: Dudo que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud; a lo sumo le cambiarán el nombre. Soy capaz de imaginar formas de servidumbre peores que las nuestras, por más insidiosas, sea que se logre transformar a los hombres en máquinas estúpidas y satisfechas, creídas de su libertad en pleno sometimiento [...] Sea como fuere, el horrible estado que pone a un hombre a merced de otro exige ser cuidadosamente reglado por la ley. Velé para que el esclavo dejara de ser esa mercancía anónima que se vende sin tener en cuenta los lazos de familia que pueda tener, ese objeto despreciable cuyo testimonio no registra el juez hasta no haberlo sometido a la tortura, en vez de aceptarlo bajo juramento. Prohibí que se lo obligara a oficios deshonrosos o arriesgados, que se lo vendiera a los dueños de lenocinios o a las escuelas de gladiadores.

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Valdelinares está rodeado por los principales picos de Gúdar. Justo al sur de Valdelinares corre la cuerda del Peñarroya (2028 metros), el pico más alto de Teruel. Por ella discurre una carretera a gran altura que da servicio, entre otras cosas, a la estación de esquí de Valdelinares. Esta cuerda, a diferencia de la zona de Hornillo está completamente arbolada. Predominan los géneros Pinus y Junisperus. La zona de cumbres está poblada por lo que aquí se llama “pino moro” y en mi tierra “pino negro”, o lo que es lo mismo pinus uncinata.


Esto es un punto de conexión entre el Ibérico Norte y el Turolense, tan distintos en muchos aspectos. Los únicos puntos de la península, fuera de Pirineos, en los que perduran reductos de unicinata, relictos de la glaciación, son la Sierra de Cebollera (entre La Rioja y Soria) y la Sierra de Gúdar (Teruel).

Peñarroya tiene toda su cima ocupada por pinos moros. (FOTO). La subida es sencilla. Se puede dejar el coche en el Collado de la Gitana (1914 metros) y acceder en apenas una hora desde una pista o desde el cortafuegos. Las vistas son espléndidas: Maestrazgo, Hornillo, Javalambre, Penyagolosa y un gran mar de pinos.




 
La población relicta de uncinata (unos pocos cientos de hectáreas) está sanísima y bien lozana. Se encuentran pinochos por todas partes y los ejemplares tienen buen tamaño y por lo que sé no están hibridados con los silvestres. A este respecto es reseñable que está en muchísimo mejor estado que su homóloga de Cebollera, reducida a una zona más pequeña y con un futuro muy incierto, comida por el pinar silvestre que sube la falda a toda velocidad. La parte mala es que existen muchas presiones para ampliar la estación de esquí de Valdelinares (que hoy ocupa la parte más oriental de la cuerda) hacia occidente, es decir, hacia la zona de Peñarroya, lo que además de destrozar paisajísticamente la zona, amenazaría la población de pino.


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Adriano fue un hombre voluptuoso, muy seducido por los placeres de la carne. Tampoco era una excepción a su tiempo pues, hasta la imposición de las visiones puritanas del cristianismo que se alargan hasta nuestros días, el sexo y el erotismo no se contemplaban de muy distinta manera a los placeres de la mesa.

[…] El juego misterioso que va del amor a un cuerpo al amor de una persona me ha parecido lo bastante bello como para consagrarle parte de mi vida. Las palabras engañan, puesto que la palabra placer abarca realidades contradictorias, comporta a la vez las nociones de tibieza, dulzura, intimidad de los cuerpos, y las de violencia, agonía, grito. La obscena frasecita de Posidonio sobre el frote de dos parcelas de carne […]  no define el fenómeno del amor, así como la cuerda rozada por el dedo no explica el milagro infinito de los sonidos. Esa frase no insulta a la voluptuosidad sino a la carne misma, ese instrumento de músculos, sangre y epidermis, esa nube roja cuyo relámpago es el alma.
Reconozco que la razón se confunde frente al prodigio del amor, frente a esa extraña obsesión por la cual la carne que tan poco nos preocupa cuando compone nuestro propio cuerpo, y que sólo nos mueve a lavarla, a alimentarla y, llegado el caso, a evitar que sufra, puede llegar a inspirarnos un deseo tan apasionado de caricias, simplemente porque está animada por una individualidad diferente de la nuestra y porque presenta ciertos lineamientos de belleza sobre los cuales, por lo demás, los mejores jueces no se han puesto de acuerdo. Aquí, la lógica humana, se queda corta
.

Tuvo docenas de amantes, tanto hombres como mujeres. Vivió en una época, dichosa en esto, en la que no existían los conceptos de homosexualidad ni heterosexualidad de nuestros días, y en la que cada uno organizaba sus asuntos eróticos según sus apetencias, sin etiquetas. Los matrimonios se celebraban por conveniencia y los cónyuges no estaban por lo general obligados a la fidelidad.

De todos sus amantes, al que más quiso fue al joven Antínoo, un muy atractivo adolescente (FOTO).
 


Su presencia era extraordinariamente silenciosa; me siguió en la vida como un animal o como un genio familiar. De un cachorro tenía la infinita capacidad para la alegría y la indolencia, así como el salvajismo y la confianza. Aquel hermoso lebrel ávido de caricias y de órdenes se tendió sobre mi vida. [...] Y sin embargo aquella sumisión no era ciega; los párpados, tantas veces bajados en señal de aquiescencia o de ensueño, volvían a alzarse; los ojos más atentos del mundo me miraban en la cara; me sentía juzgado.
[...]
La pasión colmada posee su inocencia, casi tan frágil como las otras; el resto de la belleza humana pasaba a ser espectáculo, no era ya la presa que yo había perseguido como cazador. Aquella aventura, tan trivial en su comienzo, enriquecía pero también simplificaba mi vida; el porvenir ya no me importaba.

Antínoo, en uno de los viajes de la corte, murió ahogado en el Río Nilo, acaso por suicidio. Adriano mandó fundar en aquel lugar una ciudad en su honor: Antínoe. El dolor por la muerte de Antínoo acompañó a Adriano el resto de su vida.

Resistí. He luchado contra el dolor como contra una gangrena. Me acordaba de las obstinaciones, de las mentiras; me decía que hubiera cambiado, engordado, envejecido. Tiempo perdido: tal como un obrero concienzudo se agota copiando una obra maestra, así me encarnizaba exigiendo a mi memoria una insensata exactitud; recreaba aquel pecho alto y combado como un escudo. A veces la imagen brotaba por si misma, y una ola de ternura me arrebataba; volvía a ver un huerto de Tíbur, el efebo juntando las frutas otoñales en su túnica recogida a modo de cesta. Todo faltaba a la vez: el camarada de las fiestas nocturnas, el adolescente que se sentaba sobre los talones para ayudar a Euforión, rectificar los pliegues de mi toga. De creer a los sacerdotes, su sombra también sufría, añorando el cálido abrigo de su cuerpo, y rondaba plañidera los parajes familiares, lejana y tan próxima; demasiado débil momentáneamente para hacerme sentir su presencia. Si era cierto, entonces mi sordera era peor que la misma muerte. ¿Pero acaso había comprendido, aquella mañana, al joven viviente que sollozaba junto a mí?

[...]

A la hora del baño, mientras abandonaba a los esclavos mis piernas para que las depilaran, miraba con asco ese cuerpo sólido, esa máquina casi indestructible que digería, andaba, era capaz de dormir, y que volvería a acostumbrarse un día a las rutinas del amor. Sólo toleraba la presencia de algunos servidores que se acordaban del muerto; ellos lo habían amado a su manera. Mi duelo hallaba eco en el dolor algo tonto de un masajista o del viejo negro encargado de las lámparas.

-

Animado por unos cúmulos (FOTO ABAJO) que se levantaban sobre la frontera de Teruel con Castellón, me animé a ir hacia la zona de Mosqueruela y visitar la mítica Sierra del Rayo, probablemente el lugar de España en el que más tormentas se registran.


No tuve mucha suerte, pues la tormenta no llegó a progresar, se fue aplanando y disolviéndose en un gran yunque que no trajo consecuencias. Las tierras de la Sierra del Rayo, no obstante, eran lo suficientemente hipnóticas para haber merecido la visita. Laderas tendidas fragmentadas en mil parcelas bordeadas de muros de pizarra. Cortados, barrancos, y recodos en la roca donde los ibéricos prehistóricos dejaron sus pinturas rupestres.

 

Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos...






BONUS

Como estos descerebrados de Photobucket me han obligado a migrar todas las fotografías (y por tanto cambiar todos los enlaces) salvo el pago de rescate de 399 USD al año (una extorsión, vamos), le hago un poco de publicidad a mi nuevo host, que es https://imgbox.com/ y pongo aquí un bonus de fotos que no estaban en el reportaje original:

« Última modificación: Martes 26 Septiembre 2017 05:03:52 am por Rub-Logroño »

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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #2 en: Domingo 04 Octubre 2009 16:17:09 pm »
Un placer leerte (y a M. Yourcenar) y disfrutar las imágenes.

 :sonrisa:



Madrid capital - Entre las Kio y las Cuatro o en Pinar de Chamartín.

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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #3 en: Domingo 04 Octubre 2009 19:53:10 pm »
 :o :o :o

Un reportaje soberbio... :aplause: :aplause:
Se nota que has ido al lugar adecuado para desconectar (bien acompañado además) y te has sumergido completamente en el maravilloso paisaje turolense... :) :)
Pero ten cuidado, es muy peligroso: una vez te enganchas a Teruel, vuelves y vuelves y vuelves y vuelves y vuelves y vuelves y vuelves     .....
Enhorabuena por tu viaje, Kapuscinski.... ;D ;)
Un saludo
« Última modificación: Domingo 04 Octubre 2009 20:00:22 pm por febrero 1956 »

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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #4 en: Lunes 05 Octubre 2009 00:56:42 am »
El día siguiente al derrumbe de las torres gemelas visité Rubielos de Mora, Mora de Rubielos, La Iglesuela del Cid, Mirambel y Cantavieja. Sólo puedo decir que todos estos pueblos son una maravilla. Con ganas de volver y visitar lugares que no pude.
Macisvenda, pedanía de Abanilla, a 386msnm en el extremo nordesde de Murcia, en la "Palestina murciana". 600 habitantes. Clima mediterráneo semiárido.

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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #5 en: Lunes 05 Octubre 2009 10:03:29 am »
Poco puedo añadir... Simplemente que no entiendo cómo no estás escribiendo en alguna revista de viajes o aventura de renombre, haciendo de tu afición una profesión.

Ya quisiéramos muchos poder percibir el paisaje con tu sutileza, tu capacidad de extracción del detalle y tu agilidad mental para asociar lo empírico a lo filosófico, a lo humano... Todo ello, casi siempre aderezado con un sentido del humor perfectamente engarzado (en éste no te has prodigado tanto como en otros, pero alguna reseña hay) con el texto. Siempre disfruto (y sonrío sintiéndome cómplice) con tus comentarios desenfadados, ácidos y certeros insertos en tus redacciones, como es en este caso la introducción del reportaje.

Envidia sana es lo que te tengo, amigo. Quedo a la espera de lo próximo que tengas que contar. Un saludo
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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #6 en: Lunes 05 Octubre 2009 17:10:54 pm »
 :nocomment: se nota que necesitabas desconectar!!
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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #7 en: Lunes 05 Octubre 2009 17:17:47 pm »
 :sonrisa: Las imagenes preciosas, la zona más aun, y el texto... luego me lo leo más tranquilamente.   ;D
BENASQUE (Pirineo aragonés). A 1.140msnm 
Zaragoza (Depresión del Ebro). A  220msnm 
       
La comarcalización mola mogollón; pero la Geografía mola más todavía.
http://casabringasort.com/blog-meteobenas/     @meteobenas      www.aramet.es
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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #8 en: Lunes 05 Octubre 2009 20:02:55 pm »
Guardar y releer.  ;)

Fantástico.  :aplause:
  TOMATElo con calma     Vitoria-Gasteiz

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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #9 en: Lunes 05 Octubre 2009 21:47:33 pm »
Poco puedo añadir... Simplemente que no entiendo cómo no estás escribiendo en alguna revista de viajes o aventura de renombre, haciendo de tu afición una profesión.

Ya quisiéramos muchos poder percibir el paisaje con tu sutileza, tu capacidad de extracción del detalle y tu agilidad mental para asociar lo empírico a lo filosófico, a lo humano... Todo ello, casi siempre aderezado con un sentido del humor perfectamente engarzado (en éste no te has prodigado tanto como en otros, pero alguna reseña hay) con el texto. Siempre disfruto (y sonrío sintiéndome cómplice) con tus comentarios desenfadados, ácidos y certeros insertos en tus redacciones, como es en este caso la introducción del reportaje.

Envidia sana es lo que te tengo, amigo. Quedo a la espera de lo próximo que tengas que contar. Un saludo

Más uno.  :D

Sí, sí: ¿te imaginas que además de lo bien que lo has pasado seleccionando las fotos, editándolas, eligiendo el texto del libro, redactando tus vivencias y publicando el mensaje, además digo, cogiera alguien y te pagara...?

Saludos.  ;)

Santa Cruz de Tenerife (35 msnm) y Obs. Atmosférico de Izaña (AEMET, Tenerife, 2.364 msnm)
Visita mi blog sobre meteorología "Supranubius": www.supranubius.es

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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #10 en: Martes 06 Octubre 2009 16:27:47 pm »
Impresionante lugar y fenomenal exposición.

Un saludo
Ukerdi, larra, Navarra, 2251 m.a.
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Re: Gúdar y Memorias de Adriano
« Respuesta #11 en: Martes 06 Octubre 2009 21:50:59 pm »
Me ha encantado la narración, sobre la zona las imagnes hablan por si solas, y como consejo; que no se quede en el tintero acercate a Penyagolosa...siempre he pensado que esa montaña tiene algo especial......y engancha....
cirat: comarca del alto mijares, castellon, 403.msnm