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Autor Tema: Corrientes marinas  (Leído 11257 veces)

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Corrientes marinas
« en: Lunes 22 Agosto 2005 20:43:04 pm »
En la observación de los científicos ha determinado que los seres que se agitan y se mueven en el seno de las aguas del mar, o son arrastrados por sus vaivenes y corrientes, son de muy distinta índole y aspecto que aquellos otros que reposan en el fondo, se arraigan y se fijan en él, o caminan o nadan a poca distancia del suelo submarino. Estos cambios que sufren los organismos marinos tanto en su estructura como en sus funciones representan una respuesta a estar sometidos a condiciones fisicoquímicas diversas, y, en ocasiones, hasta antagónicas, en las distintas regiones del océano.

Estas condiciones fisicoquímicos a las que también se les llama hidrográficas, determinan la diversidad de los organismos que viven en las aguas del mar.

En aquellas zonas del océano donde las condiciones del medio, principalmente la temperatura y la salinidad, son relativamente constantes, pero extremas, el número de especies es generalmente bajo y las que toleran estas condiciones pueden aumentar notablemente en número de individuos y hacerse dominantes, por ejemplo: las grandes cantidades de bacalao que se encuentran en los mares fríos de Noruega.

Lo contrario que se observa en las zonas oceánicas donde las condiciones hidrográficas no son extremas, como en muchos mares tropicales, en los que existe mayor diversidad de especies, pero su número de individuos no alcanza grandes agregaciones, por lo que ninguna de ellas será dominante, como se observa en el Mar Caribe, donde existe una multitud tan variada de especies de peces, corales, moluscos, etcétera.

La salinidad de los océanos influye directamente en las características de estructura y funcionamiento de los organismos que viven en ellos. La composición química del agua del mar en cuanto a la cantidad de sales disueltas, es casi la misma que se presenta en los fluidos orgánicos de los seres del reino animal, ya que estos dos medios solamente estarán separados por membranas y tejidos semipermeables que permitirán la entrada y salida de agua según la cantidad de sales, fenómeno que se conoce con el nombre de intercambio osmótico.

El mantenimiento de igual concentración dentro del animal y en el medio acuático que lo rodea es condición indispensable para los seres que viven en el océano, ya que si el organismo tiene mayor concentración de sales, entrarán cantidades de agua que en un momento llegarán a sus células hasta hacerlas explotar; en caso contrario, es decir, que el medio tenga más sales, el agua saldrá del organismo, destruyéndose también sus células.

De acuerdo con este comportamiento de los organismos frente a la cantidad de sales que se encuentran en el agua se puede entender por qué los peces de agua dulce no pueden vivir en el mar y a su vez los del mar no se pueden colocar en acuarios de agua dulce. Sin embargo, existen algunas excepciones, como es el caso de las anguilas que viven en aguas dulces y van a tener sus crías al mar, y el de los salmones que viven en el océano y se reproducen en los ríos; a este tipo de peces se les llama anádromos.

El mantenimiento de una concentración igual o isotónica entre la sangre y el agua del medio se produce en estos animales marinos por la acción de los riñones, que retienen o expulsan el agua; así como de otras estructuras de osmorregulación, por ejemplo: en algunos peces, sus láminas branquiales tienen unas células capaces de producir cloro, que facilitan la incorporación de cloruros a la sangre y la elevación consiguiente de su concentración salina.

Otros organismos que viven en los océanos, como los tiburones y las rayas, tienen gran cantidad de urea en la sangre, lo que ayuda a que aumenten su salinidad y así se mantenga igual a la del mar.

Los invertebrados marinos tienen en su cuerpo, normalmente, líquidos orgánicos de igual concentración de sales que el agua del mar en la que viven, y poseen la capacidad de variar y regular su concentración salina de acuerdo con los cambios que se presentan en el agua ambiente y poblar diferentes medios marinos. En otros organismos, esta regulación no se presenta y, al cambiar el medio, tienen que emigrar, o de lo contrario mueren.

De acuerdo con estas circunstancias existen dos tipos de animales marinos: aquéllos dotados de mecanismos para regular la concentración salina de su cuerpo, de acuerdo con las características de su medio, lo que les permite acomodar las sales de sus fluidos orgánicos a las necesidades requeridas por las condiciones del agua del mar; es decir, los que resisten perfectamente los cambios de salinidad del medio, llamados eurihalinos. Estos organismos viven en las zonas de mezcla de aguas dulces con las marinas, tales como estuarios, ríos, zonas marinas próximas a las desembocaduras de los ríos, o en aquellas que, como en las lagunas litorales con comunicación precaria con el mar, la salinidad de sus aguas alcanza valores muy variados. Pueden ser ejemplo de estas especies, los ostiones entre los moluscos, las lisas y los pejerreyes entre los peces.

Otro tipo de animales marinos carecen de tales mecanismos de regulación y no pueden acomodarse a cambios de salinidad del medio; a éstos se les llama estenohalinos, y es el caso de las sardinas y de los atunes que viven en aguas oceánicas. Sin embargo, no puede hablarse, en realidad, de la existencia de especies totalmente estenohalinas, pues siempre hay un cierto grado de tolerancia a cambios. La mayoría de este tipo de animales habita normalmente en las zonas alejadas de la costa y de los lugares de mezcla con aguas dulces son en general seres pelágicos y oceánicos.

El carácter de eurihalinidad o de estenohalinidad de una especie determinada es uno de los factores que intervienen en las migraciones de los peces, bien porque las condiciones del agua en que en determinado momento viva un pez cambien, obligándole a dejarlas en busca de otras, o bien porque, sin que cambie la salinidad del agua, sea su sangre la que varíe en concentración de acuerdo con su ciclo vital, y por ello debe emigrar y buscar el medio adecuado.

La temperatura del agua del mar tiene además una influencia decisiva en la vida y por lo tanto en la distribución de los animales marinos, ya que interviene de manera directa en sus procesos fisiológicos, o sea, en su propio funcionamiento, como es el caso del metabolismo, la reproducción, etcétera. También lo hace indirectamente por la influencia que tiene la temperatura sobre otros factores del medio ambiente, como la salinidad o la concentración de gases disueltos en el agua del mar.

En cuanto a la temperatura se refiere, los organismos marinos son clasificados en dos formas diferentes, que si bien bajo ciertos aspectos coinciden, no equivalen exactamente.

La primera clasificación está en relación con la temperatura del cuerpo del animal; existen los organismos que mantienen la temperatura constante, a los que se les llama homeotermos, como es el caso de los mamíferos marinos: si en su medio aumenta o disminuye la temperatura, esto no influye en la de su cuerpo, que siempre será la misma.

Otros son los organismos de temperatura variable llamados poiquilotermos, que cambian la temperatura del cuerpo de acuerdo con las variaciones de la del agua; esto es característico de la mayoría de los peces.

La segunda clasificación es la de aquellos organismos que resisten perfectamente los cambios de temperatura en el medio ambiente, aunque sean muy amplios, los euritermos; y los que no resisten esos cambios, los estenotermos. Estos últimos no lo son en el sentido absoluto, puesto que siempre existe un cierto grado de tolerancia a dichos cambios.

Los seres que no se adaptan a los cambios de temperatura suelen ir unidos a los que no lo hacen a las variaciones de salinidad, y los que los toleran van con los que soportan cambios en la temperatura.

Aunque no sea regla absoluta, el hecho es fácil de comprender, ya que precisamente aquellas zonas marinas en las que son posibles o frecuentes los cambios de salinidad son las que simultáneamente experimentan variaciones paralelas en el régimen térmico. Por lo tanto, los animales que sí admiten cambios en la temperatura del agua suelen habitar las zonas costeras de desembocaduras de ríos o de lagunas litorales y los que no soportan dichos cambios están localizados generalmente en las áreas pelágicas u oceánicas.

En el caso de los organismos euritermos, que como es lógico pertenecen siempre al grupo de los poiquilotermos o de temperatura variable, no se presentan mecanismos de termorregulación, ni adaptaciones especiales para mantener la temperatura constante; como tampoco existen en aquellos otros animales que, perteneciendo también al grupo de los de temperatura variable, son, sin embargo, de los que no pueden soportar cambios de temperatura del medio ambiente.

Ahora bien, todos los animales marinos que presentan la temperatura de su cuerpo constante, u homeotermos, son estenotermos, como los mamíferos marinos, que para mantener su temperatura necesitan adaptaciones especiales como el mecanismo de la circulación de la sangre, el cual permite que la temperatura aumente en el interior del cuerpo por la contracción de los vasos sanguíneos, lo que hace que la sangre al circular friccione la pared del vaso produciendo calor, o disminuya por la distención de los vasos, permitiendo que la sangre circule libremente y no genere calor.

Entre estas adaptaciones se puede destacar la actividad metabólica de los organismos que interviene activamente en la regulación de la temperatura del cuerpo; por ejemplo, los atunes, que son grandes nadadores, son capaces de elevar la temperatura de su cuerpo a un nivel superior de 10º C que la de las aguas en las que nada.

También, para ayudar a conservar la temperatura constante, los organismos presentan sistemas de aislamiento del cuerpo en contacto con el agua. En los mamíferos marinos esto se produce por la existencia de grandes y gruesas capas de grasa debajo de su piel, como en la ballena; estas capas de tejido adiposo se complementan con pelajes que aíslan, de forma muy eficaz, el cuerpo del agua, sobre todo por la existencia, debajo de los pelos, de otro pelaje complementario llamado borra; esto ocurre en los pinnípedos, es decir, en las focas y morsas, en los osos blancos y en determinadas especies de nutrias que habitan en el mar.

En las aves marinas la defensa contra la irradiación del calor se verifica también gracias a la existencia de capas de grasa tanto como por la presencia conjunta de plumas y plumón, que hacen el mismo efecto en estos animales que el que realizan en los mamíferos el pelo y la borra.

En general son a estos dos factores fisicoquímicos del medio oceánico, temperatura y salinidad, a los que corresponden los cambios de estructura, funcionamiento y comportamiento de los seres que habitan los mares, y que determinan su distribución en las aguas oceánicas del planeta
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