Este sábado hicimos una circular por los roquedos de esta vertiente soriana de Urbión, con un paisaje muy otoñal, en que la niebla imprimió un paisaje muy peculiar en estos conglomerados silíceos.
El bosque estaba muy otoñal, con los robles y helechos ya en su parte final de otoño, y los grandes tejos destacando entre la niebla.
Subimos y vadeamos uno de los múltiples arroyos que alimentan al Duero

Algunos helechales, bastante frecuentes en esta ladera a pesar de su fuerte orientación sur, presentaban más que evidencias de final de temporada

Los robles ya en una avanzada otoñada

Algunos espectaculares, e hibridados con Quercus petrae


Primera zona rocosa, entre niebla, rebollos y helechos, con la primera cueva al fondo, que el ganado utiliza como sestiles y refugio


Esta preciosa perra, posando

Dejamos la primera formación rocosa, y nos adentramos de nuevo entre el pinar, fantasmagórico por la niebla

Hasta llegar a otra imponente formación rocosa, con una cueva bastante profunda (para no tener naturaleza caliza) e interesante



Seguimos subiendo entre rocas
En este punto, dos ciervos en estampida, seguramente asustados pues había cacería en algún punto indeterminado, saltaron desde la parte superior izquierda, de una altura de casi tres metros, por encima de nuestras cabezas. Afortunadamente no ocurrió nada, pues nos hubieran arrollado. Fue en segundos, de ahí que ni pude sacar ninguna foto (y ni me arrollaron afortunadamente,

)

La niebla se va imponiendo en la parte alta de la zona rocosa, dando un ambiente fantasmagórico


Llegamos a un paraje realmente pintoresco del término, cubierto de niebla, en que en primer lugar se puede observar un impresionante ejemplar de tejo


Las extrañas formaciones rocosas, talladas por el viento y la acción del agua/hielo/deshielo, conformaba extraños paisajes entre la niebla




Abandonamos el paraje a través de estrechos pasadizos entre grandes formaciones rocosas


Y llegamos a otro precioso tejo

Pinos muertos entre la niebla y las rocas

Y pinos sobreviendo entre las granes formaciones rocosas envueltas en la niebla



Dejamos el territorio rocoso y salvaje, para volver a ascender entre el pinar

Para volver a llegar a otra zona rocosa, bastante menos salvaje, con una pequeña cascada muy conocida



El paisaje otoñal de los helechos

Ya en el paisaje más conocido, Castroviejo, envuelto entre niebla que le da un halo misterioso


Se baja ya hacia el pueblo a través de un callejón




Y las cabras observando asomadas en el precipicio



En la bajada, vegetación variada con algún tejo, y preciosos rebollos y serbales de los cazadores (tono rojizo) al final de la otoñada, entre helechos de gran desarrollo


Y, se llega a una cascada, que aún no tiene demasiado caudal, pues estas lluvias solo han permitido, que no es poco, que el monte recobre la humedad perdida por la fortísima sequía de octubre



Se abandona la última zona rocosa

Y el descenso al pueblo es entre esta impresionante masa de pinar albar (Pino silvestre)


Un saludo