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Cita de: Vigorro... en Sábado 16 Enero 2010 13:36:44 PM
CitarAsímismo, no sé yo hasta qué punto influyó en enero del 92, pues el bajón de Tª (tanto a nivel mundial como a nivel peninsular) no se notó hasta 1993, año en el que las gráficas nos muestran un mínimo relativo.

Mmmm, aqui discrepo algo... todas las graficas presentan, en medias anuales, un bajon en 1991, 1992 y 1993 respecto a los valores de finales de los 80, que ya fueron bastante calidos... seguramente influirian mas cosas, pero en mi opinion el Pinatubo tuvo mucho que ver, incluso en lo del 91...

¿Y no podría ser simple inercia? Porque se ve que la Tª va en caída libre desde 1989.

Anda Vigorro, postea también las mínimas de los diciembres y febreros, a ver si alguno se da cuenta de que los -10º no son cosa del pasado.  ;D

Alvaro2

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Cb Calvus
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Os dejo un enlace, a la relación que efectué hace ya algún tiempo, relativo a la relación entre efemérides meteorológicas del antiguo INM y los mínimos solares

https://foro.tiempo.com/climatologia/correlacion+minimos+solares+y+efemerides+meteorologicas+espanolas+del+inm-t88854.0.html;msg1730510#msg1730510

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Saludos
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Supercélula
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Relación solar y circulación atmosférica,

hablan, y alguna gráfica, sobre los vientos en épocas "recientes"
Solar Forcing of Climate Through Changes in Atmospheric Circulation

Citar....Annually dated, instrumentally calibrated, proxies for atmospheric circulation from several Antarctic ice cores (ITASE, Siple Dome, Law Dome) reveal decadal-scale associations with a South Pole ice core 10Be proxy (from Bard et al., 2000) for solar variability over the last 600 years (Figure 3) and annual scale associations with solar variability since AD 1720. Increased (decreased) solar irradiance is associated with increased (decreased) zonal wind strength near the edge of the Antarctic polar vortex. The association is particularly strong in both the Indian and Pacific Oceans and as such may contribute to understanding climate forcing that controls drought in Australia and other Southern Hemisphere climate events. The mechanism for the association between solar variability and atmospheric circulation suggested by Mayewski et al. (in press 2005) may be found through previous empirical and modeling studies whereby increased solar ultra-violet (UV) radiation leads to increased production of stratospheric ozone, resulting in increased (decreased) temperatures in the lower stratosphere (troposphere) (McCormack and Hood, 1996; Chandra and others, 1996; Randel and Cobb, 1999), and consequently an increase in the thermal gradient from high to low latitudes attended by an increase in lower tropospheric zonal wind speeds over the Northern Hemisphere (Shindell and others, 1999).
...
8)

(Interaction between the QBO and the Hadley Circulation: Evidence of Solar Influence?
Evidence-from-Wavelet-Lag-Coherence-for-Negligible-Solar-Forcing)

sudestada

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Cumulus Congestus
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Cita de: Fco en Martes 12 Enero 2010 18:00:58 PM

Cita de: Borinot en Martes 12 Enero 2010 08:13:55 AM
Bueno pues yo creo que hay un poco de mitificación y exageración en ocasiones.

Leyendo hace unos días sobre la gran nevada de Valencia de 1885, las crónicas del momentos hablaban de que era sorprendente ya que hacía al menos 40 años que no se veía nada ni parecido sí en cambio otros años en que caían algunos copos pero que no solían cuajar.

Así que hablamos de nevadas "decentes" también cada 40 años.

Por otro lado si fuera tan "normal" que el Ebro se helara año sí año también, os aseguro que hubiese sido materialmente imposible que la llanura de Castellón y Valencia hubiera estado en plena expansión del cultivo del naranjo ya que se hubieran estado helando contínuamente y hubiese sido económicamente inviable estar cambiándolos cada trees o cuatro años.

Así que "más frío" sí, pero con mesura, que según alguno parece que aquí los inviernos fueran como en Búffalo.


Parece ser que el Ebro se heló siete veces, a veces durante varias semanas, contando el período 1500-1800, parece poco, pero habrá que ver si nos referimos a Tortosa o a Tudela.


El Ebro se heló al menos 15 veces entre el siglo XVI y el XIX. Las más intensas fueron en los siglos XVII y XVIII. Las condiciones para esas heladas requerían temperatruas rondando los -15ºC durante varias semanas, cuando hablo de semanas me estoy refiriendo a 15 o 20 días seguidos de temperatruas gélidas. Eran siberianas, secas y muy frías, que perduraban en el tiempo y se hacían recurrentes. Cuando parecía que la ola de fría remitía, ésta volvía con renovadas fuerzas. Las heladas siempre acontecieron durante la segunda quincena de diciembre y la primera de enero. Estamos hablando del paso del Ebro por Tortosa.

La última fue en enero de 1891. Aquel invierno se inició con un régimen de fríos extremos a finales de noviembre, se mantuvo muy frío las tres primeras semanas de diciembre para entrar una nueva invasión siberiana a finales de dicho mes y durante los primeros quince días de enero. La congelación fue en cualquier caso "pequeña" y sólo duró unos tres días.

Voy a poner aquí el trabajo que hice en su momento. Lo pego entero porque el enlace donde estaba no sé qué ha pasado con él.

Saludos.

Las heladas históricas del Ebro a su paso por Tortosa

Cosa de maravillar, que un río con tanta agua y tan caudaloso, así se hiele (Martorell y Luna, 1626)

RESUMEN

En siglos pasados con la temperie más rigurosa que la actual, el río Ebro, uno de los más grandes y generosos ríos de la Península Ibérica, se helaba con relativa frecuencia durante los meses invernales. Y esto se producía no sólo en su curso alto o medio, sino en su misma desembocadura a su paso por la villa de Tortosa
En este trabajo vamos a presentar las heladas que el Ebro ha sufrido desde el año 1400 hasta la última vez que el río se mostró a los asombrados tortosinos completamente helado, allá por enero de 1891. Advirtiendo de la posibilidad que no se reflejen todas las heladas que fueron, bien por descuido del autor, bien por no estar reflejadas en la historia escrita que hasta nosotros ha llegado, algo esto último sumamente improbable considerando que la congelación de un río como el Ebro debió ser en todo tiempo un hecho digno de reseñar por lo extraordinario.

1. TORTOSA, EL EBRO Y SU COMARCA

El Ebro es el río más largo y caudaloso de España. Tiene una longitud de 928 kilómetros desde su nacimiento en Fontibre, provincia de Cantabria y tiene a su paso por la Comarca del Bajo Ebro (Tarragona), donde recorre sus últimos kilómetros, un caudal aproximado de 425 m3/seg. La ciudad de Tortosa es la capital comarcal y vive a orillas del río, que le ha dado vida a lo largo de la historia y también le ha hecho sufrir los avatares de sus crecidas, sus estiajes y lo que ahora nos ocupa, sus heladas.

2. EN QUÉ SITUACIONES METEOROLÓGICAS SE HELABA EL EBRO

La congelación total de un río como el Ebro, y mucho más tan cerca de su desembocadura, requiere de unas condiciones atmosféricas extremas que en el clima actual prácticamente no se dan. Las temperaturas debían rondar en estos casos los -15ºC e incluso ser inferiores durante algunas jornadas, pero seguramente lo más destacable era la persistencia de esas condiciones meteorológicas, con intensas olas de frío del nordeste, conocidas hoy como siberianas, que mantendrían las temperaturas en valores extraordinariamente bajos para el área mediterránea.
Estas situaciones extremas se dieron en general dentro del contexto de inviernos sumamente crudos en cuanto a temperaturas y muy secos, con un deterioro de las condiciones climáticas que afectaba negativamente al campo y a una sociedad en continua lucha contra las adversidades del tiempo.
Como veremos, a partir de 1560, y dentro del contexto de la Pequeña Edad de Hielo (en adelante PEH), se generó una continentalización de los inviernos que se hicieron cada vez más fríos, debilitándose durante largos períodos la circulación atmosférica oeste-este permitiendo con ello la entrada de masas de aire muy frío y seco de origen continental que producían un descenso acusado y constante de las temperaturas. La permanencia de estas situaciones durante semanas o meses incluso, hacía posible la congelación completa de las aguas de un río tan importante como el Ebro.

3. LAS HELADAS DEL RÍO EBRO DESDE EL SIGLO XV

A continuación aparecen los años en los cuales el Ebro se congeló a su paso por Tortosa. El listado procura incorporar las fechas exactas y la mayor cantidad de datos o anécdotas que puedan aportar luz acerca de la intensidad y duración de aquellas memorables heladas.


Diciembre 1442: primera helada del Ebro de la que se tiene noticia, como consecuencia de una intensa ola de frío del NE. Grandes bloques de hielo arrastrados por la corriente hicieron que el puente de barcas quedase arrasado. Según los datos de que disponemos el río se habría helado completamente la víspera de Santa Lucía (Fontana Tarrats, 1976)

Enero 1447: helada del río entre el 1 y el 11 de enero, hubo de ser de las más intensas heladas que se han producido del río Ebro, pues se formó una capa de hielo tan recia, que por frente de la iglesia de Santaiago, el bajo pueblo se divertía pasando a pie desde una a otra orilla (Bayerri Bertomeu, 1933)

La helada de 1503: se hiela el Ebro una vez más, y según Fontana Tarrats se pasaba el río andando sobre el hielo.

Diciembre 1506: la helada sobrevino el 12 de diciembre y parece ser que fue de tal intensidad que se dio el caso de atravesarse el río montado un hombre sobre una mula, sin que cediera el gélido pavimento (Bayerri Bertomeu, 1933). Algunas fuentes datan esta helada en el mes de enero.

Invierno 1572 - 1573: se hiela el río Ebro en medio de uno de los inviernos más fríos del siglo XVI. El río comenzó a helarse el día 20 de diciembre de 1572 permaneciendo helado hasta la segunda decena del mes de enero, siendo una de las heladas más duraderas e intensas de las que se tiene constancia. Todo el país estuvo azotado por sucesivas oleadas de frío continental de una crudeza inusitada, estas masas de aire frío afectaron especialmente a la vertiente mediterránea (Font Tullot, 1988). En Cataluña, según los cronistas de la época, el frío mató los agrios y a muchos animales, y heló el vino y los huevos. Hacia finales del año 1572 nevaba intensamente en Alicante y el día de Año Nuevo nevadas intensas cayeron sobre la ciudad de Córdoba (Fontana Tarrats, 1976)

Invierno 1580 - 1581: durante este invierno hubo según Francisco Martorell, una nueva helada del Ebro. En su obra de 1626, relata las diferentes heladas del río, indicando que se heló otra vez en el año 1506, y otra en el año 1573, y el año de las Cortes de la Reina María, y el año 1590. Debemos destacar que esta helada sólo aparece mencionada en esta fuente.

Enero 1590: vuelve a helarse el Ebro a su paso por Tortosa. En esta ocasión la helada se produjo durante el mes de enero y las nevadas y el frío llegaron a rincones insospechados de la Península con grandes nevascos en Sevilla y Ecija (Fontana Tarrats, 1977)

Invierno 1623 – 1624: un invierno especialmente crudo, el mes de diciembre es muy frío en Cataluña y los fríos continentales hacen que el 30 de diciembre se registre una nueva helada del Ebro en Tortosa que provoca la destrucción del puente de barcas que lo cruza; este hecho es descrito por Francisco Martorell y Luna de la siguiente forma:
... cuando falta, es tanta la incomodidad, cuanta se ha conocido en el año 1624, por haberla llevado el río a 30 de diciembre de 1623 con el grandísimo peso que cargó del hielo que bajaba por él, deteniéndose allí, y congelándose tanto que subió hasta más arriba de la alameda que está delante de la ciudad, y por no querer creer los que tenían a su cargo la puente a algunos que se acordaban de 34 años antes, de otra helada semejante. No quitaron ni retiraron la puente y porque en otra ocasión se acuerden, he acordado de dejar aquí este acuerdo, para que a los venideros no les suceda lo que a éstos.
Como puede leerse, se hace referencia a una helada de 34 años antes que coincide con la de 1590 que ya mencionamos.
Todavía a finales de enero de 1624 se recrudece al situación, cuando una entrada de frío siberiano hizo que se helase el Turia el día 30 y que cayese una copiosa nevada el día 31 sobre la ciudad de Valencia; la nieve se extendió también durante el mes de febrero por todo el arco mediterráneo, desde Cataluña hasta Alicante y Murcia. El día 1 de febrero cae una nevada general en Cataluña, llegando a haber varios muertos por el frío, el hambre se extiende al no poder llegar suministros por encontrarse los caminos intransitables.

Invierno 1648 - 1649: parece hubo una nueva helada del Ebro que se habría producido en enero de 1649, no se dispone sin embargo de fechas exactas.

La helada de 1694: el río amanece completamente helado el día 11 de enero de 1694 como consecuencia de los fríos extremos que padecía toda la Península en uno de los inviernos más crudos del siglo XVII. Parece que se trató de la mayor de todas las heladas documentadas hasta entonces, el espesor del hielo en Tortosa alcanzó los tres metros (Bayerri Bertomeu, 1933) y según otros cronistas el espesor habría sido de 17 palmos de hielo en el puente de barcos, encrespado y blanco como si hubiese nevado (O'Callaghan, 1867) y esta situación se mantuvo al menos durante tres días seguidos y durante los quince días siguientes estuvieron bajando témpanos de hielo por el cauce del río .
Los fríos duraron hasta bien entrada la primavera, nevando en la ciudad de Córdoba los días 16, 17 y 18 de marzo (Fontana Tarrats, 1977)

Invierno 1708-1709: un invierno muy severo, de los más crudos de la PEH. Fue especialmente frío enero de 1709 cuando llegó a helarse el río Ebro en Tortosa .

Invierno 1712-1713: invierno muy frío y en general extremadamente seco debido al constante bloqueo de la circulación zonal, lo que habría permitido la entrada de vientos muy fríos de origen siberiano, siendo lo más destacado la helada del río Ebro a su paso por Tortosa aunque según las crónicas no habría sido tan intensa como las del siglo anterior.

Debemos destacar los extraordinariamente fríos inviernos de 1739-40 y 1754-55, el primero se dejó sentir especialmente en la Europa Continental con una severidad pocas veces repetida. En los dos casos y según las crónicas de Enrique Bayerri, el Ebro no llegó a helarse completamente aunque los hielos rondaron su cauce durante varios días.

Enero 1766: esta nueva helada del Ebro acontece durante el mes de enero. El frío debió ser extraordinario en toda la Península. El historiador Enrique Bayerri nos dice que en el año 1765 fueron muy grandes y furiosos los fríos que en todas partes se padecieron;, se heló el río Ebro y prosiguieron los fríos y hielos hasta el marzo del año siguiente, de 1766; quedó el tema como el año de los fríos y hielos.
El elemento fundamental en aquel invierno fue la persistencia de los hielos, en una situación de constantes entradas de aire frío polar continental que generó un régimen de heladas constante sobre toda la Península.

Enero 1784: invierno excepcional por lo frío, especialmente durante el mes de enero de 1784. Primero se desató un gran temporal de nieve en Galicia el día 20 que se extendió a toda la vertiente Cantábrica, Navarra y Aragón; estas nevadas alcanzaron también Cataluña y Mallorca, aunque con menor intensidad. Las heladas posteriores fueron tan extensas y persistentes que produjeron una nueva helada del río Ebro hacia finales de este mes de enero de 1784, sin embargo no parece que su intensidad fuese comparable a las heladas del siglo anterior.

Invierno 1788-1789: invierno extraordinariamente frío, seguramente de los más crudos de todo el siglo XVIII; se registró una intensa ola de frío del NE en el mes de diciembre de 1788 que mantuvo helado el río Ebro durante dos semanas a su paso por Tortosa, siendo una de las heladas más intensas que se recuerdan, comparable a las de 1624 y 1694.
Nevó con intensidad desconocida en Baleares a partir del día 27 de diciembre y hasta la jornada de Nochevieja. Los fríos posteriores del mes de enero hicieron helarse todos los ríos de Castilla.

Invierno 1829-1830: se dieron algunos de los elementos típicos de los inviernos más fríos de la PEH, entre otros la congelación del río Ebro.
La entrada de aire frío siberiano comenzó a mediados del mes de diciembre de 1829 para intensificarse a partir del día de Navidad, arreciando el frío de tal manera que el Ebro amaneció helado el día 31 de diciembre, manteniéndose así al menos durante una semana. En esta ocasión el famoso puente de barcas había sido quitado el día 29, jornada durante la cual comenzó a helarse el río. El frío fue extremo en todo el país, especialmente intenso en el arco mediterráneo, en Tarragona las temperaturas descendieron hasta -7ºC, helándose las orillas del mar. En Barcelona nevó el día de Navidad y lo volvió a hacer con intensidad el día 1 de febrero de 1830 cuando da inicio una nueva ola de frío continental.

La última helada del Ebro. Enero de 1891: nos encontramos ante la última helada del río Ebro a su paso por Tortosa, y por ser la última también tenemos sobre ella más información y algunos datos de sumo interés. Aquel invierno destacó por lo frío y seco que se presentó en todo el territorio peninsular. Puede decirse que dio comienzo ya a finales de noviembre con una primera ola de frío continental que dejó temperaturas extremas y en algunos casos mínimas absolutas aún no superadas (Madrid, Observatorio Astronómico, -12.1ºC) La nieve tan sólo se hizo presente en las franja cantábrica, llegando a nevar intensamente en ciudades como Santander o Bilbao. El historiador tortosino Enrique Bayerri Bertomeu nos dice que a fines de noviembre de 1890 una ola de frío atravesó nuestra Comarca, azotada hacía tiempo por la sequía. El 28 aparecieron helados todos los depósitos de agua al aire libre.
Las temperaturas bajas se mantuvieron durante todo el mes de diciembre, con vientos predominantes del NE y tiempo seco en general; con la llegada del nuevo año, el frío se recrudeció con sucesivas entradas de origen siberiano que hicieron finalmente que el día 18 de enero de 1891 amaneciesen heladas las aguas del río Ebro a todo lo largo del frente de Tortosa; la temperatura mínima alcanzada aquel día fue de -9.5ºC. Esta situación, en la que hubo lugar a idas y venidas de atrevidos payeses por encima de la capa de hielo un tanto discontinua, no duró más allá de 2 días (Bayerri Bertomeu, 1933)
Estamos por tanto ante el típico invierno muy frío, con entradas sucesivas de aire frío polar continental y escasa humedad, lo que permite finalmente la congelación del río. No fue desde luego una helada tan importante como las de los siglos anteriores, ni por su duración (no más allá de dos días) ni por su intensidad (el hielo no tenía el espesor ni la firmeza de otras veces).

4. CONCLUSIONES

Las heladas del Ebro no son un hecho lo bastante reiterado en el tiempo como para observar a través de ellas la evolución del clima en el pasado. A pesar de ello sí que nos indican la importancia, duración e intensidad que en siglos pasados debieron tener los períodos de frío extremo para hacer que un río de semejante caudal se helara completamente durante varios días en sus últimos kilómetros antes de desembocar en el mar.

Resumiendo, podemos constatar dos heladas en el siglo XV (1442 y 1447), las dos de gran intensidad según los relatos que nos han llegado, coincidentes por otra parte con inviernos muy fríos y secos en general. Este siglo XV tuvo en la Península un carácter templado aunque mostró ya los primeros síntomas de lo que sería el cambio climático de la PEH.
En el siglo XVI nos encontramos con cinco heladas del Ebro, dos a principios de siglo (1503 y 1506) que coinciden con el recrudecimiento de la temperie (intensos fríos en el período 1503 - 1511) y el inicio en la Península de la PEH (Font Tullot, 1988), y otras dos de gran intensidad (las del invierno 1572 - 1573 y la de 1590), que se producen en el período de agudización de los fríos que siguió al año 1560 y que se mantendrá hasta el final de la PEH. Además de la helada del invierno 1580 - 1581. Son los años de las grandes heladas del Ródano (siete entre 1556 y 1595), los vientos gélidos del NE que queman los olivos, los períodos secos coincidentes con los inviernos extremadamente fríos que azotan el Mediterráneo; y son los años de algunas de las heladas más grandes del río Ebro como ya hemos visto.
Esto tendrá continuidad durante la centuria siguiente y las cuatro nuevas heladas del Ebro, dos de ellas seguramente hayan sido las más grandes que se recuerdan, las del invierno 1623 - 1624 y la del año 1694. La duración de los hielos (en torno a las dos semanas) y la profundidad alcanzada por la plataforma helada, marcan un punto álgido en la intensidad de las olas de frío.
Durante el siglo XVIII las heladas del río se mantienen a buen ritmo (cinco, más que en los siglos anteriores), pero disminuyen en cuanto a su duración y a la intensidad de los hielos, excepto la del invierno de 1788 - 1789, que resultó ser comparable a las de los siglo XVI y XVII.
Finalmente en el siglo XIX sólo hay registradas dos heladas del río, las dos de menor envergadura que las anteriores, coincidente todo ello con un repunte general de las temperaturas durante este siglo, aunque todavía con períodos muy fríos como los comprendidos entre 1830 y 1840, o el período que va de 1880 a 1895.

Podemos observar también que el río se congelaba invariablemente durante la segunda quincena de diciembre y la primera de enero, coincidiendo con los días de menor influencia solar. Este hecho ya estaba constatado en el Archivo Capitular que rezaba las heladas son siempre en Diciembre o Enero y coincidiendo con vientos de tramontana, polares y muy fríos (O' Callaghan, 1867) No podemos constatar ninguna helada del Ebro en febrero, y normalmente el río se mantenía helado como máximo hasta el final de la segunda semana de enero, dándose los primeros indicios de la congelación en fechas tan tempranas como el 12 de diciembre, tal y como ocurrió en la helada de diciembre de 1506.

BIBLIOGRAFÍA

Bayerri Bertomeu, E. Historia de Tortosa y su comarca. Biblioteca Balmes, Barcelona, 1933.
En esta ingente obra, hay un interesante capítulo (el decimoquinto de su tomo II) que trata la meteorología de la comarca tortosina, allí se pueden encontrar las referencias a las heladas del río Ebro.
Font Tullot, I. Historia del clima en España. Cambios climáticos y sus causas. INM. Madrid, 1988.
Fontana Tarrats, J. M. Historia del clima de Cataluña (1976).
Fontana Tarrats, J. M. Quince siglos de clima andaluz (1977).
Fontana Tarrats, J. M. Historia del clima de la Meseta. Entre el cardo y la rosa (1977).
Los libros de Fontana Tarrats, fundamentales para cualquier aproximación a la historia del clima en la Península, son aún hoy obras inéditas.
Martorell y Luna, F. Historia de la Santa Cinta, con que la Madre de Dios honró la Catedral y Ciudad de Tortosa: del sitio, nombre, antigüedad, obispado y cosas notables de ella. Tortosa, 1626.
Libro antiguo, fundamental para las heladas del Ebro registradas durante los siglos XV y XVI.
O'Callaghan. Anales o Historia de Tortosa. Tortosa, 1867.


quimet

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Cita de: sudestada en Domingo 17 Enero 2010 11:44:26 AM
El Ebro se heló al menos 15 veces entre el siglo XVI y el XIX.

Gracias por el estudio. No obstante, según veo son 17 heladas completas en esos 500 años y 2 inviernos con heladas parciales.

Por lo tanto, estaríamos hablando un promedio de una helada del Ebro en Tortosa cada 30 años en ese periodo, que se reduciría a una cada 20 años en los siglos más fríos y aumentaría a una cada 50 años en los más suaves.

Dicho de otro modo, una persona del periodo más frío del último milenio podría ver entre 2 y 3 heladas del Ebro en su vida (pongamos una esperanza de vida media entre 50-60 años), lo que viene a confirmar que ni en la época más dura del mínimo de Maunder los inviernos gélidos eran cosa de cada año y, como es lógico, las grandes heladas y las grandes nevadas llamaban también la atención.


PD: Sudestada, podrías decirme donde consultar los trabajos de Fontana Tarrats?? ;)

Toxo

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Cita de: quimet en Domingo 17 Enero 2010 16:56:17 PM
Cita de: sudestada en Domingo 17 Enero 2010 11:44:26 AM
El Ebro se heló al menos 15 veces entre el siglo XVI y el XIX.

Gracias por el estudio. No obstante, según veo son 17 heladas completas en esos 500 años y 2 inviernos con heladas parciales.

Por lo tanto, estaríamos hablando un promedio de una helada del Ebro en Tortosa cada 30 años en ese periodo, que se reduciría a una cada 20 años en los siglos más fríos y aumentaría a una cada 50 años en los más suaves.

Dicho de otro modo, una persona del periodo más frío del último milenio podría ver entre 2 y 3 heladas del Ebro en su vida (pongamos una esperanza de vida media entre 50-60 años), lo que viene a confirmar que ni en la época más dura del mínimo de Maunder los inviernos gélidos eran cosa de cada año y, como es lógico, las grandes heladas y las grandes nevadas llamaban también la atención.


PD: Sudestada, podrías decirme donde consultar los trabajos de Fontana Tarrats?? ;)

Bueno, dependerá de lo que entendamos por gélidos, ¡¡es que estamos hablando de congelar el Ebro(río más caudaloso de la Península) en Tortosa (casi en la desembocadura)!!, no sabemos como estaba la situación en Logroño, León, Burgos...

Pensemos que en el seguimiento de Europa se habla de lagos en el norte de Inglaterra que hacía 10 años que no se helaban completamente, el Moscova no está helado durante todo el invierno, etc...datos que nos hacen ver lo difícil que es helar grandes masas de agua.

Supongo que para ver helado el Ebro se tenían que juntar una situación de frío extremo, persistencia, caudal bajo...una serie de coincidencias.

Por lo que aún pasando inviernos muy fríos y rigurosos, que se hiele el Ebro, es una situación complicada, de ahí que no fuera asunto de todos los años, pero si varias veces por siglo.
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borinot

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Cita de: Toxo en Domingo 17 Enero 2010 17:20:01 PM
Cita de: quimet en Domingo 17 Enero 2010 16:56:17 PM
Cita de: sudestada en Domingo 17 Enero 2010 11:44:26 AM
El Ebro se heló al menos 15 veces entre el siglo XVI y el XIX.

Gracias por el estudio. No obstante, según veo son 17 heladas completas en esos 500 años y 2 inviernos con heladas parciales.

Por lo tanto, estaríamos hablando un promedio de una helada del Ebro en Tortosa cada 30 años en ese periodo, que se reduciría a una cada 20 años en los siglos más fríos y aumentaría a una cada 50 años en los más suaves.

Dicho de otro modo, una persona del periodo más frío del último milenio podría ver entre 2 y 3 heladas del Ebro en su vida (pongamos una esperanza de vida media entre 50-60 años), lo que viene a confirmar que ni en la época más dura del mínimo de Maunder los inviernos gélidos eran cosa de cada año y, como es lógico, las grandes heladas y las grandes nevadas llamaban también la atención.


PD: Sudestada, podrías decirme donde consultar los trabajos de Fontana Tarrats?? ;)

Bueno, dependerá de lo que entendamos por gélidos, ¡¡es que estamos hablando de congelar el Ebro(río más caudaloso de la Península) en Tortosa

También tener en cuenta que se ha hablado de periodos de entradas muy frías y muy secas, quizá el ebro entonces llevase bastante menos caudal...

Toxo

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Cb Calvus
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Cita de: Borinot en Domingo 17 Enero 2010 18:58:46 PM
Cita de: Toxo en Domingo 17 Enero 2010 17:20:01 PM
Cita de: quimet en Domingo 17 Enero 2010 16:56:17 PM
Cita de: sudestada en Domingo 17 Enero 2010 11:44:26 AM
El Ebro se heló al menos 15 veces entre el siglo XVI y el XIX.

Gracias por el estudio. No obstante, según veo son 17 heladas completas en esos 500 años y 2 inviernos con heladas parciales.

Por lo tanto, estaríamos hablando un promedio de una helada del Ebro en Tortosa cada 30 años en ese periodo, que se reduciría a una cada 20 años en los siglos más fríos y aumentaría a una cada 50 años en los más suaves.

Dicho de otro modo, una persona del periodo más frío del último milenio podría ver entre 2 y 3 heladas del Ebro en su vida (pongamos una esperanza de vida media entre 50-60 años), lo que viene a confirmar que ni en la época más dura del mínimo de Maunder los inviernos gélidos eran cosa de cada año y, como es lógico, las grandes heladas y las grandes nevadas llamaban también la atención.


PD: Sudestada, podrías decirme donde consultar los trabajos de Fontana Tarrats?? ;)

Bueno, dependerá de lo que entendamos por gélidos, ¡¡es que estamos hablando de congelar el Ebro(río más caudaloso de la Península) en Tortosa

También tener en cuenta que se ha hablado de periodos de entradas muy frías y muy secas, quizá el ebro entonces llevase bastante menos caudal...

Claro, por eso decía que probablemente se tenían que dar un cúmulo de circunstancias.

Me autocito...

CitarSupongo que para ver helado el Ebro se tenían que juntar una situación de frío extremo, persistencia, caudal bajo...una serie de coincidencias.

Lo que quiero transmitir es que helar un gran río, no es fácil, y que aún dándose inviernos durísimos no tiene porque llegar a helarse, es algo complejo.
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sudestada

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Helar el Ebro en Tortosa es cosa difícil aún para la época de la PEH.

Normalmente coincidían con inviernos muy fríos, entradas siberianas persistentes y cómo buena siberianas no solían tener un gran aporte de humedad. De hecho la última vez en 1891 venía buena parte de la Península de un otoño y principio del invierno con escasez de lluvias y gélido. Es posible que el caudal del río no fuera demasiado importante pero aún así el frío debió ser tremendo ... porque tener el río helado hasta 8 / 10 días es algo muy curioso, eso desde luego.

También debemos considerar que estamos ante un "mínimo" de heladas registradas pero probablemente haya habido más "congelaciones parciales" que no aparezcan en las crónicas o que sea difícil encontrar.

En definitiva, el Ebro congelado era algo que no pasaba todos los inviernos, eso está claro, pero aún así 4 o 5 veces en cada siglo, se daban las condiciones necesarias para que ésto ocurriese, y estas condiciones requerían una intensidad y persistencia en los fríos muy considerable.

Saludos.

miguel zaragoza

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Cb Calvus
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Borinot, parece ser que en los siglos anteriores el Ebro era aún más caudaloso que ahora. Al menos las riadas eran más violentas. En 1643 una riada rompió una arcada del Puente de Piedra en Zaragoza, tal como aparece en el cuadro de Bautista el mazo del museo del Prado. Nunca desde entonces ha habido una riada con tal potencia. Las crónicas dicen que las riadas violentas eran muy habituales, y además se solían producir en invierno o en primavera. La riada más fuerte del s.XX se produjo el 1 de enero de 1961.
Miguel Angel
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Supercélula
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pero eso es por que no había regulación,

las riadas más gordas, y las sequías menos caudal y ambiente más seco, que las presas también aportan lo suyo de humedad al valle.